Lunes, 10 de agosto de 2009
 Quizás es la parte que mas nos cuesta a los creyentes, pero puedo deciros que es la parte que mas nos bendice. La unción de Dios, La sabiduría, la valentía, el clamor, la intercesión profunda, los dones de ministerio, todas estas cosas puedo asegurarte que vienen por predicar el evangelio.
Cuando yo tome la responsabilidad, junto con mi esposa Montse de ministrar a la juventud, mi primer deseo era dar a conocer a otros jóvenes, lo que Dios había hecho en mi vida.
Yo nunca había predicado a nadie, nunca había repartido un tratado, me daba pánico el predicar, el hablar de Cristo, pero yo sabia que tenia que hacerlo. Días antes en una reunión de jóvenes, la carga por la juventud vino a mi vida con mucha intensidad, tanto fue que caí al piso a todo lo largo llorando desconsoladamente, y gimiendo por ellos. Una visión apareció en mi interior, en ella el Espíritu Santo, me mostraba un gran Trono a lo lejos lleno de luz donde acudían por una amplia calzada muchas personas. A los laterales izquierdo y derecho muchas volvían alejándose del trono de Dios, después de haber estado en su presencia, y estos caían a un profundo abismo. Yo lloraba con fuerza y le preguntaba al Señor, ¿Porque se perdían tantos? (porque eran miles los que retrocedían y caían al abismo) y el Señor me respondió: ¡Estos se pierden porque nadie les predico mi evangelio!  
 Yo se que aquella visión cambio mi vida, me motivo, me trajo pasión por la juventud, por las almas.  
Aquella misma semana empezamos a salir los jóvenes a repartir tratados a las calles a las plazas. Al principio no fue facil, solo repartíamos no hablábamos, pero poco a poco, se convirtió en valentía. Salíamos sábados tarde, orábamos por ellos los domingos en la mañana a la ocho y volvíamos a salir domingos tarde con guitarras a los lugares donde pasaban los jóvenes para ir a sus fiestas, fueron meses, años de siembra, de llanto de clamor. El sembrador sale a sembrar pero os puedo asegurar que quien da la cosecha es Cristo. Desde Aquella fecha, he orado por centenares en las calles para que reciban a Jesús, hemos predicado a miles, hemos golpeado las puertas predicando de casa en casa.
 ¿Para que quieres la unción si no la usas, para que quieres el poder? Dios aumenta al que usa su gloria para darle mas gloria a El. Animaros Jóvenes, hay que orar, y hay que evangelizar las dos cosas van de la mano si queremos ver resultados. Un abrazo Luis.


Tags: evangelismo, palabra, predicar

Publicado por luismquiros @ 23:03
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