Jueves, 13 de agosto de 2009
  Los santos combatientes de todos los tiempos están de acuerdo que la manera más confiable para asegurar un día de conquista y victoria es madrugar, muy de temprano. Las primeras horas de la madrugada son el punto inicial para la avanzadilla o vanguardia, para iniciar el día con templanza, obteniéndola al negarse a sí mismo para Dios, dando al alma una ventaja sobre el enemigo; No pudiéndose obtener de otra manera. -seleccionada

  El señor Floyd Banker, misionero en Gujerat (un estado de la India), experimentó el avivamiento en su campo de labor. Descubrió que las presiones sobre un misionero son muchas y hay una tendencia a ser negligente en lo tocante al matutino velar. El señor Banker nos comparte el secreto para vencer que aprendieron él y su esposa, en lugar de tener tantos fracasos, como antes.

  “Alguien podría preguntar, ¿Qué pasó cuando se durmieran hasta tarde o que el despertador no funcionara? ¿Hay excusas, a veces, por no orar temprano?’ Quiero compartirles un remedio secreto, que se ha vuelto una regla muy sencilla en nuestras vidas; se dice en cuatro palabritas: No-oración, no-desayuno.”

  “Llegamos a esta regla tempranamente en la vida de oración, como consecuencia de una experiencia muy extraña. Sucedió una mañana cuando el despertador falló y nos dormimos hasta tarde. Pasamos a desayunar, pensando que más tarde encontraríamos tiempo para orar privadamente, pero los afanes y cargas del trabajo urgían, y el orar se olvidó. El siguiente día madrugamos, y fuimos a nuestros lugares para la hora de oración, y, nos aconteció lo mismo a ambos. Al llegar a nuestros lugares de oración, fue como si Cristo ya estaba allí para darnos la bienvenida, pero con cara triste mientras nos decía: —Te esperé durante 24 horas.”  

  “Cómo un electrochoque del cielo, esta nueva verdad impresionó nuestras mentes: Habíamos robado de Él el compañerismo que Le encantaba tanto. No sólo nos aprovechaba orar en privado, sino Él también recibió provecho y gran placer. ¿Ya no te es extraña nuestra regla, “no-oración, no-desayuno?” -usado con permiso, publicado como en Wesleyan Methodist.

 

En un nuevo libro, Peace Like A River (Paz como un Río), Sallie Chesham narra la historia de una lucha que Samuel Brengle tenía al querer establecer el hábito de madrugar para orar y sobre la gran importancia que él puso en este sagrado tiempo para iniciar un nuevo día. “En cierta ocasión, Brengle fue preguntado: —¿Cuáles son tus tentaciones más temerosas: las más sutiles, las más violentas?”

“Dio la respuesta: —Es tentación empezar mi día sin antes invertir tiempo a solas con Dios, en oración y la lectura de su Palabra.”

  “Sin embargo, antes de responder, les sostenía a sus interrogadores en suspenso por decir primero: —Por treinta años tenía yo sólo una tentación que me preocupaba grandemente. Pero por treinta años, por la gracia de Dios, la he vencido. Y, por esto, ninguna otra ha podido penetrar mi armadura. Con todo, antes de treinta años atrás, a menudo me venció esta tentación. Y, cada vez que me vencía ella, al momento estaba indefenso a otras diez mil.”

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Publicado por luismquiros @ 0:03
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