S?bado, 12 de diciembre de 2009
CAPÍTULO 8

Romanos 8:1

Romanos capítulo 8 es uno de los capítulos de la Biblia más estimulantes y conmovedores y de mayor bendición para la persona que está “EN CRISTO JESÚS” (comparar v.1 y v.39). El capítulo comienza con NINGUNA CONDENACIÓN (v.1) y termina con NINGUNA SEPARACIÓN (vs.35-39). La palabra clave en la primera parte de este capítulo es la palabra “ESPÍRITU” (aparece 20 veces en el capítulo 8, en tanto que solo aparece 4 veces en los primeros 7 capítulos).

La persona que está “EN CRISTO JESÚS” está salva y segura para siempre (v.1). Romanos capítulo 8 es uno de los capítulos clave de la Biblia, que expone muy claramente la doctrina de la seguridad eterna.

“Ninguna condenación (juicio)” (v.1). Ni un poco de condenación. Comparar también Juan 3:18; 5:24 y 1 Corintios 11:32. La palabra “condenación” significa literalmente “juicio que cae (sobre alguien)”. El juicio de Dios no caerá sobre mí. ¿Por qué no? Ver Romanos 7:24; 8:2 – He sido liberado y libertado de la ley del pecado y de la muerte. Si aún estuviera bajo la ley del pecado y de la muerte, entonces yo estaría bajo la condenación de Dios (el pecado demanda juicio, muerte y condenación – el castigo por el pecado tiene que pagarse). Pero, alabado sea Dios, el Calvario se ocupó de todo ello. Dios condenó a Su Hijo (Romanos 8:3) para que yo nunca fuese condenado (Romanos 8:1). El juicio de Dios cayó sobre Su único Hijo unigénito, para que Su juicio no tuviera que caer sobre mí. Yo no estoy condenado, antes bien YO ESTOY JUSTIFICADO. Recuerda la enseñanza de la última parte de Romanos 5. EN ADÁN yo estoy condenado, pero EN CRISTO, estoy justificado.

El verdadero creyente no vendrá a condenación o juicio (Juan 5:24). “No hay condenación” para él (Rom. 8:1). Todos sus pecados han sido tratados en la cruz. El juicio del creyente por el pecado tuvo lugar hace como 2000 años, cuando Cristo fue juzgado y condenado por nosotros. ÉL fue castigado y condenado por mis pecados. La ira de Dios fue derramada sobre ÉL. “ÉL herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El Señor cargó en ÉL el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Y cuando venimos a Cristo en fe, somos justificados y declarados “NO CULPABLE” por el Juez del universo entero. “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:33-34). Si Dios nunca nos condenará y si Dios nunca nos acusará de culpa, entonces no necesitamos preocuparnos.

Estamos “en Cristo Jesús”, en Aquel que es NUESTRA VIDA. Estamos tan identificados con el Cristo resucitado y glorificado, que tal como ÉL es, así somos nosotros. La condenación nunca podría caer sobre nosotros, porque estamos identificados y unidos a ÉL. En otras palabras, estamos tan identificados con Cristo, que si Dios nos condenara a nosotros, ÉL tendría que condenar también a Su Hijo. ¡Imposible! “En ésto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como ÉL es, así somos nosotros en este mundo” (1 Juan 4:17).

Por una parte se nos dice que el creyente no vendrá a condenación (Juan 5:24 y Romanos 8:1) y por otra parte se nos dice que todo creyente estará ante el Tribunal de Cristo (Romanos 14:10). ¿Cómo pueden entenderse estos dos hechos aparentemente contradictorios? 1) El creyente nunca estará ante Dios como JUEZ para ser condenado por sus pecados y para ser castigado por sus pecados. Esta condenación y este castigo ya han caído sobre Cristo, nuestro Sustituto (Romanos 8:3 y ver el párrafo anterior). Recuerda, si el creyente tuviera que ser condenado por un solo pecado, eso sería suficiente como para condenarlo para siempre al lago de fuego. 2) El creyente estará ante el BEMA o el Tribunal de Cristo para dar cuenta sobre qué tan fielmente ha vivido la Vida Cristiana desde el día en que fue salvo. El asunto no será condenación o no condenación, sino el asunto será recompensas o pérdida de recompensas (1 Corintios 3:12-15). La pérdida de recompensas no significa pérdida de la salvación. Aún el cristiano más infiel “será salvo” y no condenado ante el tribunal de Cristo (1 Corintios 3:15).

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Tags: Estudios Biblicos

Publicado por luismquiros @ 1:21
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