lunes, 23 de agosto de 2010

ROMANOS

CAPÍTULO 10

Salvación, Tanto Para Judíos Como Para Gentiles

Introducción

El Capítulo 9 de Romanos enfatizó la soberanía de Dios: Es Dios quien lleva a cabo Su propósito (9:11); es Dios quien escoge (9:11); es Dios quien llama (9:11); es Dios quien tiene misericordia y compasión (9:15-16); es Dios quien endurece (9:18); es Dios quien prepara los vasos de misericordia para gloria (9:23); es Dios quien ha llamado a judíos y gentiles en un cuerpo (9:24).

Romanos capítulo 10 enfatiza destaca la responsabilidad del hombre: Es el hombre el que debe orar (10invasor; es el hombre el que debe sujetarse (10Corazon; es el hombre el que debe creer (10Arcoiris; es el hombre el que debe creer en su corazón y confesar con su boca (10:9-10); es el hombre el que debe invocar el nombre del Señor (10:12-13); es el hombre el que debe oír y creer el evangelio (10:14-17). Dios es el que salva, pero el hombre el que debe creer (ver Hechos 16:31; 1 Corintios 1:21).

Romanos 10:1 (comparar con 9:1-4)

“Anhelo” significa “deseo, añorar” (el verbo significa “estar complacido”; por lo tanto, Pablo estaba diciendo, “Estoy anhelando su salvación, y su salvación traería mucha alegría y regocijo a mi corazón”). La palabra “oración” no es la palabra que se usa comúnmente en el Nuevo Testamento para oración, sino es una palabra que indica un pedido específico en vista de una necesidad. Era una oración específica para una necesidad específica: que ellos fueran salvos. En el futuro, Israel, como nación, será salva (ver Romanos 11:26). En el presente, Pablo estaba orando para que judíos individuales creyeran en Cristo y fueran salvos. Pablo mismo era un judío que confió en Cristo para salvación (Hechos capítulo 9). Nosotros, tal como Pablo, debemos tener la compasión de Cristo por los que están perdidos (Mateo 9:36-38).

Hay una enseñanza extrema y errónea que dice que la soberanía de Dios contradice la responsabilidad humana. Dice algo como esto: “¿Por qué habría de molestarme en orar? Una persona ha sido elegida o no ha sido elegida. Dios la salvará o no la salvará. Si Dios ha determinado que esa persona sea salva, entonces ella será salva, tanto si yo oro, como si no. Así, ¿por qué habría yo de orar?” Pablo oraba. La doctrina de la soberanía de Dios, si es entendida correctamente, nunca es un obstáculo para la oración. La soberanía de Dios debería ser un gran incentivo y aliciente para la oración. El Dios a quien oramos es el Dios que controla todas las cosas y que hace “todas las cosas según el designio de Su voluntad” (Efesios 1:11). La oración nos pone a nosotros a tono y en armonía con la mente y el corazón y la voluntad de nuestro Dios soberano, de modo que ÉL pueda obrar más efectivamente en y por medio de nosotros para llevar a cabo Su propósito (Filipenses 2:13).

Cuando una persona es realmente salva, tendrá una preocupación y deseo y carga por la salvación de otros. El verá a otros como hombres y mujeres perdidos que necesitan desesperadamente a Cristo. El comparte el deseo de su Dios y Salvador (ver 1 Timoteo 2:3-4).

Romanos 10:2

Aquí, Pablo está diciendo: “Yo soy un testigo. Yo se todo acerca de su celo (su afán, su desvelo), porque yo soy judío y yo era igual (ver Gálatas 1:14; Filipenses 3:6 celo sin conocimiento; 3:9-10 celo con conocimiento). Un celo que es sin conocimiento es como un jugador de fútbol que toma la pelota y corre con todas sus fuerzas, pero que corre hacia el lado equivocado. “Celo de Dios” significa celo por Dios (Dios es el objeto de mi celo). Algunos tienen celo sin conocimiento; otros tienen conocimiento sin celo (una ortodoxia muerta).

En religión, el celo es un ardiente deseo de agradar a Dios, de hacer Su voluntad y promover Su gloria en el mundo de toda forma posible. Un hombre celoso es un hombre de una sola cosa. No es suficiente decir que él es serio, sincero, intransigente, minucioso, entusiasta, ferviente en espíritu. El ve una sola cosa, se preocupa por una sola cosa, vive por una sola cosa, está embebido de una sola cosa; y esa cosa es agradar a Dios. Tanto si vive o si muere—tanto si está sano o si está enfermo—ya sea rico o sea pobre—sea considerado sabio o necio- tanto si es censurado o si es alabado—sea que reciba honores o que sea avergonzado—todo esto no preocupa en absoluto al hombre celoso. El arde por una sola cosa y esa cosa es agradar a Dios y fomentar la gloria de Dios. Si él es consumido por este ardor, eso no le preocupa—él está contento. El siente que ha sido hecho para arder, igual que una lámpara; y si el ardor lo consume, él no ha hecho más que cumplir con la tarea que Dios le ha dado. –J.C. Ryle.

Romanos 10:3

La palabra “ignorante” se conecta con la frase “no conforme a ciencia” del v.2. Ellos ignoraban por completo el método de justificación de Dios basado en la gracia y estaban intentando su propio método de justificación basado en las obras/ley/carne. El énfasis está sobre las palabras “SU PROPIO”. La frase “procurando” significa “buscando”. Esta es la elección: ¿Debería tratar de obtener la justicia por mis propios esfuerzos o por la gracia de Dios? ¿Debo establecer mi propia justicia o debo sujetarme a Su justicia? ¿Soy YO LLEVÁNDOME A DIOS o es CRISTO LLEVÁNDOME A DIOS (1 Pedro 3:18)? ¿Encuentro la justicia en el Monte Sinaí (tratando de guardar la ley) o encuentro la justicia en el Monte Calvario (confiando en el Salvador que fue crucificado por mí)?

Ilustración: Los que buscan establecer su propia justicia cumpliendo la ley son como la gente que trata de nadar de Nueva York a Londres por sus propios esfuerzos. Es imposible. Algunos lo harán mejor que otros. Algunos incluso podrán nadar varias millas. Pero todos se ahogarán y perecerán en el océano. Nadie lo logrará. “Los que “se sujetan” son como los que sencillamente se suben al barco y dejan que el barco los lleve de Nueva York a Londres. El barco hace todo el trabajo. No son ellos mismos los que se llevan allá, es el barco el que los lleva. Cristo es Aquel que nos lleva a Dios (1 Pedro 3:18; Juan 14Helloween. Nuestras propias obras y nuestros propios esfuerzos, no importa cuán diligentes y sinceros seamos, nunca nos llevarán a Dios (ver Efesios 2:8-9; Tito 3Avergonzado.

Romanos 10:4

Cuando vengo a Cristo por salvación, esto pone fin a mi búsqueda de encontrar y obtener justicia por medio de guardar la ley. Toda la justicia que necesito se encuentra en Jesucristo. La ley puede mostrarme mi INJUSTICIA, pero no puede darme justicia: “pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gálatas 2:21). La justicia de Dios se obtiene en el Monte Calvario, no en el Monte Sinaí. Usando nuevamente la ilustración del barco: subir al barco representa la fe en Cristo (“todo aquel que cree”). Todo aquel que ha abordado el barco puede decir: “Ya no necesito nadar.He encontrado una vía mejor. Estoy confiando en que este barco me llevará al lugar que yo nunca podría alcanzar nadando. Mis días de natación han llegado a su fin, porque ahora estoy en el barco”. ¡Mis días tratando de obtener justicia por la ley han terminado!

Como Pablo escribió en otro lugar, “Y ser hallado en ÉL, no teniendo MI PROPIA justicia, que es por la ley, sino la (justicia) que es por la fe de Cristo (aquella fe que tiene a Cristo como objeto), la justicia que es de Dios (literalmente, “la justicia que viene de Dios”, lo que significa que mi justicia viene de Dios, ÉL es la fuente de ella) por la fe” (Filipenses 3Beso. Los judíos incrédulos estaban bajo la ira de Dios, porque ellos no podían vivir conforme a Su ley y no querían someterse a Su gracia.

La palabra “fin” significa “término”. El Comentario de Murray al respecto:

Nótese que se ha agregado un requisito: “a todo aquel que cree”. Este requisito implica que solamente para el creyente, Cristo es el fin de la ley para justicia. [Los incrédulos, según se ve en el v.3, todavía están muy ocupados siguiendo la ley para justicia, a pesar de que este método nunca funcionará. La ley no ha terminado para ellos, porque todavía están confiando en ella para su justificación]. Pablo dice que es para todo aquel que cree, que Cristo es el fin de la ley, y toda su declaración es simplemente en el sentido de que todo creyente ha acabado con la ley como método para lograr justicia [el material entre paréntesis y enfatizado ha sido agregado] — (Epístola a los Romanos).

La ley demanda justicia perfecta la cual yo nunca podré lograr ni obtener por mí mismo. Cuando recibí al Señor Jesucristo como a mi Salvador, en Cristo me fue dada toda la justicia que Dios jamás requerirá de mí. He encontrado lo que necesitaba, no por la ley, sino en Jesucristo. ÉL es mi justicia.

Sigue el estudio en este enlace... 

 


Publicado por luismquiros @ 16:21
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