Mi?rcoles, 09 de febrero de 2011

?Recuerdas al muchachito que ten?a coraz?n de caballero?, siempre puedes cambiar tu estrella, pero necesitas determinaci?n. El Se?or puede llamarte a jugar en las grandes ligas, pero si no tomas decisiones, tu vida ha de estar marcada por la mediocridad. ?l puede insistir en que seas campe?n, pero no te obligar?.El glamour de la visi?n termina en el momento en que tienes que firmar un contrato. No puedes darte el lujo de quedarte a vivir frente a la zarza que no se consume. A lo largo del ministerio, me he encontrado con much?sima gente que tiene visiones, se embriagan con grandes sue?os, pero les falta determinaci?n y nunca logran vivir lo que visionaron.S? lo que est?s pensando: ?Bueno, si estuviera seguro de que Dios me habl? o me envi? a hacer tal cosa, no dudar?a ni un segundo en hacer lo que me pide?.Yo pensaba lo mismo, hasta que tuve que estampar mi firma en contratos millonarios, A los veinticuatro a?os de edad, alquil? el primer gran estadio para una cruzada, Aunque solo era una visi?n, era divertido, adrenal?nico. Pero cuando el due?o del estadio me miraba como a un insecto y dec?a: ??Est? consciente de que el alquiler del estadio cuesta sesenta mil d?lares por una sola noche de cruzada y debe abonarlo por adelantado??, es exactamente ah? cuando quieres huir del planeta, por razones de sentido com?n.No tienes dinero, no te conocen, no posees respaldo financiero, est?s solo; pero necesitas tomar una determinaci?n. Una decisi?n que podr?a afectar a otros miles y tu ?nico respaldo es la zarza que viste en la intimidad.Ponte un poco m?s c?modo, que quiero contarte algunos secretos que pocas veces he expresado; me he prometido no ocultarte nada.Durante el a?o 1998, nuestro ministerio estuvo en serios tratos con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para realizar una gran cruzada en la Plaza de la Rep?blica , el sitio que es m?s conocido por su obelisco. Hasta ese momento, nunca se habla hecho una concentraci?n cristiana masiva en el centro de la ciudad. Est?bamos seguros de que Dios nos hab?a dado la orden, pero a?n no ten?amos el permiso oficial de la ciudad.Por aquel entonces, ten?amos un programa de televisi?n que se emit?a todos los s?bados por e canal estatal; as? que empezamos a anunciar una gran cruzada, un megaevento en el coraz?n de Buenos Aires, el popular obelisco. Hicimos miles de afiches que diseminamos por todo el pa?s y promovimos el evento en todas las emisoras radiales de la naci?n, A los pocos d?as, est?bamos sentados frente a uno de los representantes del jefe de gobierno de aquel entonces, el Di?. Fernando de la R?a.?A ver si nos entendemos, Gebel ?me dijo mir?ndome por sobre sus anteojos?, usted no puede promocionar un evento multitudinario en el obelisco de la dudad si antes no le otorgamos el permiso, ?est? claro?El hombre estaba molesto, se pod?a percibir en el ambiente. Su escritorio era inmenso, una enorme biblioteca atiborrada de libros de c?digo penal fe daban un marco fr?o, impersonal. Fumaba un horripilante cigarro y, de vez en cuando, arrojaba las cenizas en un cenicero rodeado de fotograf?as que lo retrataban Junto a famosos funcionarios del pa?s.?Esta ciudad tiene due?o ?dijo con tono impertinente? y usted, jovencito, no me puede hacer una concentraci?n aqu?. No podemos permitir un caos en el tr?nsito, calles cerradas e hipot?ticos incidentes lamentables.?Entiendo perfectamente lo que me dice ?dije casi a media voz? pero ya hicimos la publicidad en todo el interior del pa?s; no creo que podamos detener a cientos de j?venes que vendr?n en ?mnibus desde distintos puntos del pa?s.Hubiese querido explicarle que adem?s Dios me lo hab?a dicho. Que estaba obedeciendo ?rdenes divinas, que hab?a tomado una decisi?n que no pod?a revocar, pero el funcionario era expeditivo y austero de palabras. As? que, opt? por esperar su respuesta. El hombre hizo un silencio eterno, mientras aspiraba el humo del tabaco e intoxicaba sin piedad la fr?a oficina. Entonces, eligi? subestimarme.?En el caso de que le otorg?ramos el permiso oficial, ?cu?ntos j?venes cree que va a reunir en el obelisco??M?s de ochenta mil ?contest? sonriendo.?No se desmoralice, pero el ?nico que reuni? a esa gente aqu?, se llama Ricky Mart?n y, que yo sepa, usted no canta, P?ngase en mi lugar, si le doy el aval para realizar ese evento, cierro las calles, dispongo a la Policia Federal , genero un caos en la dudad, y a usted lo vienen a escuchar su mam? y su abuela, y yo pierdo mi puesto. ?Me entiende, Gebel?Ahora quiero que dejes simplemente de leer el libro y me acompa?es a esa oficina. Imagina que est?s sentado all? conmigo, intoxic?ndote con el humo y congel?ndote el alma. Este hombre que nos mira por sobre sus gafas y entre el humo de su cigarro, no est? bromeando. No es tu l?der de j?venes tratando de desalentarte con respecto a la reuni?n del s?bado pr?ximo. No es tu esposa dici?ndote que no cree tener tiempo de prepararte la cena. Tampoco es un patr?n que no puede aumentarte el salario. Este hombre representa al gobierno y todo lo que dice tiene raz?n desde la ?ptica del sentido com?n. Si ?l no quiere, no hay permiso oficial. Si se enoja, estaremos fuera de su oficina y fuera de carrera. Y ahora, quiere que lo convenza de que compartimos la misma popularidad con Ricky Mart?n. Que llegar?n m?s de ochenta mil personas all?, simplemente porque a m? se me ocurre.?Ves? Sab?a que me ibas a abandonar. Quieres levantare respetuosamente de la silla, excus?ndote de que todo esto fue un error. Nos vamos r?pido y todo olvidado, esto es una locura. ?En qu? pens?bamos cuando solicitamos esta entrevista?Pero si quieres ser campe?n, debes tener coraz?n inquebrantable. Debes tener determinaci?n.? Cuesta un horror, pero hay que intentarlo- No puedes volverte atr?s ahora.En los juegos ol?mpicos que se llevaron a cabo en Se?l, Corea, en la final de los cien metros ?mariposa? de nataci?n, Matt Biondi era el favorito. AJ mirar a los dos nadadores que ven?an en los carriles cerca del suyo y vi?ndose delante de ellos, no dio la ?ltima brazada- Error terrible, Anthony Nesty, 3 quien no ve?a, lleg? antes y se llev? e! oro.As? que no puedes permitirte no dar la ?ltima brazada. Un ?ltimo esfuerzo, otro round.?Mire, estoy consciente de que no soy una estrella pop ?le dije respetuosamente, luego de tomar aire?, pero si no me otorga el permiso, en lugar de un evento, habr? una enorme manifestaci?n. No puedo reprimir a la gente, apenas faltan veinticuatro d?as y, cr?ame, cuando le digo que colmaremos (a dudad.No s? qu? se le cruz? por la cabeza, pero e! hombre sonri? o al menos trat? de hacerlo. Tal vez le parec? un demente o, en alg?n rinc?n del alma, le ca? bien. Volvi? a aspirar su cigarro durante una eternidad, se reclin? sobre su sill?n verde y me dijo en tono ir?nico:?Est? bien. Esto es lo que haremos. Voy a hacer todo lo posible para que el gobierno de la ciudad le otorgue el permiso, pero aun as?, si usted logra convocar a veinte mil personas, solo veinte mil, yo le ofrezco una oficina y un escritorio en e) gobierno.Hab?a sido una enorme victoria. Aun a pesar de que el funcionario me subestimaba, sent?a que Dios se tra?a algo entre manos. En menos de diez d?as, ten?amos el permiso que tanto anhel?bamos, ahora solo habla que trabajar duro para una enorme cruzada.Dos d?as antes del evento, el 10 de diciembre, se levantaba un imponente escenario frente al obelisco de la ciudad. Enormes pantallas gigantes a los lados, un despliegue de sonido inimaginable se ergu?a en grandes torres sobre la avenida principal, pero le equivocas, no era nuestro evento, Estaban preparando ?la fiesta del tango?, organizada por la secretar?a de cultura, que depend?a directamente de la presidencia de la naci?n. Una fiesta de tango, el g?nero musical m?s popular de Argentina, organizada para el mismo d?a, a la misma hora y en el mismo lugar.Llam? de inmediato a mi ocasional amigo funcionario.?Tiene que haber un error ?dije temblando?, usted me dio el permiso oficial para realizar una cruzada de j?venes en el obelisco, pero me acabo de enterar de que para ese mismo d?a, a la misma hora y en el mismo lugar, habr? una fiesta del tango.?Asi es. En realidad usted qued? en medio de una terna pol?tica. Le dimos el permiso como gobierno independiente de la ciudad, pero la fiesta del tango la respalda el propio presidente. Lo siento.?Entonces, ?qu? se supone que debo hacer? ?le pregunt? indignado?, ?no puedo suspender todo dos d?as antes!?En fin, eso lo decide usted. Si quiere arme su escenario enfrente. ?No dijo que juntaba m?s gente que Ricky Mart?n? vamos, Gebel, que gane el mejor.Parec?a una broma de mal gusto. Un pesado chiste fuera de lugar. Dos escenarios enfrentados a solo veinte metros. El mismo horario de inicio para ambos eventos, el mismo d?a. Dos altares. El evangelio y el tango. David y Goliat. Los baales y Elias.Suena ?pico, pero a?n recuerdo lo que sent?amos mi esposa y yo. Nauseas. Jaqueca. Mareo. Dolor de est?mago. Y preguntas, muchas preguntas. Quer?amos hacer una cruzada, no una guerra.?Mi consejo, es que no sigas con esto?, me dijo un pastor por tel?fono, ?yo no puedo permitir que los j?venes de mi iglesia vayan a una concentraci?n donde pueden desatarse incidentes- La fiesta del tango la organiza el propio presidente de la rep?blica. En tu lugar, cambiar?a el evento para un -futuro cercano?.Determinaci?n bajo presi?n. Decisiones tan mortalmente serias que afectan el futuro de miles. Sencillas decisiones que generan un golpe c?smico espiritual.En las olimp?adas de Sydney, el luchador americano Rulon Gardner determin? que pod?a ganar al favorito, el ruso Ale-xandre Kareline, conocido como King Kong, que jam?s hab?a perdido una sola lucha en trece a?os. Y logr? a medalla.Misty Im?n, una nadadora desconocida, le arrebat? el titulo a Sussie O? Nelly en los doscientos metros. 0′Neill ten?a la marca mundial en su especialidad, hasta que alguien determin? que pod?a ganarle.?Recuerdas al viejo carpintero?, cada vez que veo a mi pap? no puedo olvidar el d?a en que cerr? su pu?o y determin? no volver a beber nunca jam?s, y ya lleva veintisiete a?os desde aquella sabia decisi?n. Un campe?n no puede abandonar la carrera faltando cien metros.En Munich, en 1972, en la carrera de los diez mil metros, el sueco Lasse Viren rod? por el suelo. El resto de los competidores le quitaron cincuenta metros de ventaja, pero Lasse se reincorpor?. ?l no fue hasta ah? para quedar octavo o noveno, o pedir una segunda oportunidad. As? que no se recost? en la pista, sigui? corriendo como nunca, y alcanz? a sus rivales. Lleg? primero a la meta y bati? el r?cord mundial: 27 minutos y 38 segundos.No puedes dejarte intimidar por el rival, aunque sea el mism?simo presidente. Y si no me crees, cuando vayas al cielo, preg?ntale a Mois?s, Dile que te cuente acerca del Fara?n y su coraz?n endurecido. Interr?galo con respecto a la diferencia entre lo que sinti? frente a la zarza y m?s tarde frente al feudal gobernador de Egipto.Cuando recibes la visi?n, te sientes un h?roe; pero cuando est?s cumpliendo la orden y bajo presi?n, llegas a pensar que Dios se equivoc? de hombre,Al fin, el 12 de diciembre de 1998, a las nueve de la noche, comenz? la cruzada en el obelisco, y a esa misma hora, la fiesta del tango. Ellos convocaron a seiscientas personas, nosotros a cien mil. La prensa estaba conmovida. Uno de los m?s importantes matutinos del pa?s lo describi? asi: ?La fiesta tradicional de) tango se vio opacada por una megacon-centraci?n cristiana donde se promovieron los valores y el predicador pregon? la necesidad de que la Argentina se vol viera a Dios?.Hist?ricamente, cien mil J?venes colmaron la avenida principal de la ciudad y exaltaron a Jesucristo durante m?s de cuatro horas. Fue una de las victorias del Se?or m?s grandes de nuestro ministerio,Aquel funcionario del gobierno que nos hab?a subestimado y no paraba de fumar, me llam? una hora antes del evento y me dijo que el Dr. Fernando de la R?a pod?a estar en nuestro escenario. Cuando le record? por tel?fono que prometi? darme un escritorio en el gobierno, solo dej? o?r una ahogada risa. Aun as? lo recibimos cordialmente y oramos por ?l y el entonces jefe de gobierno,La fiesta del tango apenas dur? una hora y abortaron el acto. No ten?amos nada contra ellos, solo que nosotros ten?amos el permiso y ellos eran los virtuales intrusos.Aunque a?n no hayas reunido el dinero, no abandones. A pesar de que la enfermedad avance, no te detengas. Aun despu?s de ese desenga?o amoroso o luego de esa amarga decepci?n, vu?lvete a incorporar. No permitas que el rival te subestime y se quede con tu ti?ulo. Una ?ltima brazada puede hacer la diferencia entre la derrota y el oro. Puedes levantar el pu?o del campe?n al cielo y tomar una decisi?n.Una simple determinaci?n siempre afectar? a una multitud. Y si a?n te quedan dudas, preg?ntale al viejo carpintero.Editorial Vida/Zondervan.


Publicado por luismquiros @ 19:11
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